jueves, 16 de enero de 2020

El Conde de Torrefiel impacta en su estreno en Girona como porno intelectual



La compañía estrena su nueva obra sobre una escena de sexo explícito

La nueva obra se sexo explícito que ha llamado tanto la atención del público en Cataluña se llama El Conde de Torrefiel. Una obra pornográfica que era cuestión de tiempo que el porno arabe tomara el primer plano. Los creadores de esta obra son Tanya Beyeler y Pablo Gisbert, que han pasado de estar en simple salas de Barcelona a triunfar en festivales europeos como a sido el caso de el Kunsten belga. 



Algunas de sus creaciones cuentan con el respaldo de producción de Suiza y Austria.
Kultur es su última gran obra que se a estrenado este fin de semana en el festival de Girona donde se pedía contar con escenas de violaciones xxx que han llamado mucho la atención al público que asistió al evento por la sensibilidad de las imágenes proyectadas. Se trata de una obra spin-off de La Plaza, estrenada en el 2018, siguiendo su mismos estilo y base como los movimientos cotidianos que se aprecian en la coreografía.

Antes de comenzar la obra todos los espectadores reciben unos auriculares antes de acomodarse en sus butacas. La obra trata de un casting para una película porno en donde saldrán muchas mujeres desnudas que quieren ser las protagonistas de la película. Por los cascos los espectadores escuchan a una escritora que acaba de llegar a su casa y se recuesta sobre el sofá. Se trata de una mujer joven, culta y despreocupada, identificándose mucho con el público. El guión de Gilbert van de un tema a otro, desde libres y fragmentados como el lenguaje de internet, influenciadas desde el estilo mas novedoso al mas clásico. Un guión en esta ocasión muy inspirado que puede pasar desde el típico discurso acomodador o como una parodia de inacción colectiva. Para gustos los colores.



Los actores protagonistas son Jane Jones y Sylvan Gavroche. En la escena donde comienzan a copular, se nota en el ambiente una sensación pudorosa ya que no es lo mismo ver a guarras follando en un ordenador que en persona. Es una forma de verlo con cierta mecanicidad que visto desde la distancia brilla como una coreografía perfecta. Llama mucho la atención que no se nota nada de sentimiento ya que follan sabiendo que están siendo gravados por las cámaras y móviles del público. Todos actúan como performers mientras los espectadores escuchan por sus auriculares. No hay nada de intimidad, la cultura es todo el mundo. La obra se explica como si se hablara a un amigo. Estamos todos en el mismo bando.

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